25 de junio. Los alumnos llevan varios días en casa descansando, si no de las actividades escolares sí de nosotros, y a los que supuestamente enseñamos nos toca hacer memoria de un curso que, como los demás, se ha marchado volando. Memorias de profesor, de tutorías, de planes y proyectos, de medidas de atención a la diversidad. Memorias que solemos hacer en solitario, de manera casi automática y modificando los modelos que guardamos de otros finales de curso anteriores. Nos aprietan los plazos de entrega y, después de las sesiones de de evaluación, a muchos nos da la sensación de que está todo dicho y hecho. No sé en qué medida las reflexiones o las cruces en los formularios  vertidas por cada uno de nosotros en esos documentos sirven de algo si tan solo el equipo directivo las lee y les da el visto bueno al haber sido entregadas dentro de plazo y haber respetado el formato.
Lo que marca el trabajo de estos días sin criaturas es, salvo excepciones, el aislamiento. Profesores que en solitario cumplimentan documentos en el ordenador con la sensación de estar realizando una tarea burocrática sin más sentido que concluir al cabo de las jornadas con un “ya está todo entregado”. Es verdad que hay encuentros casuales que generan conversación sobre lo hecho, sobre los alumnos, sobre el curso que termina. Pero lo que echo en falta son encuentros intencionales que traten de lo hecho y que se proyecten en lo por hacer. No me había dado cuenta antes, pero me da la sensación de que no solo unas materias están desconectadas de otras, unos profesores de otros, unos centros de otros, sino que los cursos escolares también son considerados como universos separados. Aquí acaba este, aquí empieza el otro; y nuestra forma de entender las materias que impartimos contribuye a ello.
La tarea, se supone, es hacer memoria, analizar resultados, evaluar metodologías. La consigna, también se supone, es tomar nota para futuras modificaciones, mantener lo que funciona y cambiar lo que ha fallado. Pero además de lo que se supone, ¿qué es lo que ocurre? Que en general hacemos memoria poco crítica y repetitiva y comentarios en relación a los porcentajes de aprobados y suspensos. De la metodología mejor no hablar. Tenemos una forma de dar clase y es la que hay, guste más o guste menos, funcione mejor o funcione peor. Al final, de los posibles responsables de los malos resultados, porque los hay, destacamos tres: los alumnos y su falta de trabajo, las familias y su falta de atención a sus hijos, los políticos por machacarnos con recortes y aulas superpobladas y ser incapaces de diseñar una ley acordada no solo por el partido de turno sino por todas las partes implicadas en el asunto y que dure en el tiempo. Y, siendo esa lista acertada, ahí paramos de contar. Reconozco que como profesor estuve mucho tiempo sin añadir elementos a esa lista de “culpables”, pero de un tiempo a esta parte he cambiado punto por coma y me he colado en el banquillo de los acusados. Me he declarado culpable en el sentido de haber trabajado tanto tiempo sin poner en duda lo que estaba haciendo con los alumnos y, sobre todo, lo que no estaba haciendo con mis compañeros. Porque creo que el cambio, en caso de que estemos de acuerdo de la necesidad de al menos algunos cambios, o es metodológico o no es, y porque creo que no hay cambio metodológico que no venga de la mano de entender el trabajo de los equipos docentes de otra manera.
Lo dice la ley y lo cumplimos: durante estos días tenemos que estar en el centro de 9 a 14, pero una vez terminado el periodo de reclamaciones ¿tiene sentido la presencia en el centro para elaborar documentos que se pueden perfectamente hacer en casa si se tiene conexión a internet? No, en mi opinión. Solo tiene sentido estar en el centro para encontrarse, para hacer memoria compartida, análisis conjuntos y para hacer planes compartidos. Los documentos son necesarios si son útiles, y son útiles si se comparten, porque los alumnos tienen, o deberían tener, un equipo de profesores y no un listado de profesores. Sé que es ingenuo pensar que todos los profesores de un grupo van a funcionar de esta manera pero ¿no sería interesante empezar a hablar del asunto para ver quiénes son del mismo palo y poder empezar a actuar como miniequipo docente?
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1 comentario

  1. El mono de trabajo - Zapemoche Responder

    […] la continuación del anterior si asumimos que nada cambia de repente, sobre todo si es para bien. Me he quejado muchas veces de algunas cosas que en mi opinión impedían que pudiéramos hacer que nuestros alumnos […]