Tenía pendiente, por recomendación de Gloria Herrero, este articulo sobre el Modelo de educación deportiva (MED). Me ha encantado la idea y creo que tiene muchas posibilidades. El curso que viene lo plantearé para algunos contenidos y para crear inercia hacia esa manera de funcionar. A raíz de su lectura y de la consulta de algunas experiencias llevadas a cabo aplicando el modelo, me surgen diferentes reflexiones en torno a lo que queremos que sean nuestras (escasas) 2 horas de Ed Física escolar en ed secundaria.
Por un lado se nos dice, y nos decimos, que el tiempo real de práctica de actividad física diaria de nuestros alumnos es muy inferior al que debería ser según las recomendaciones de la OMS. Además, el tiempo real de actividad física en nuestras clases no ocupa los dos periodos lectivos de 55 minutos que nos asignan ni por asomo. Esto nos lleva a plantearnos diferentes cuestiones en relación a cómo plantear las actividades de clase para que el aprovechamiento práctico sea máximo.
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Voy a partir de mi situación particular en 2° ESO. Estamos trabajando el contenido de floorball-hockey, en el cual tienen cierta experiencia al haberlo tratado también en primaria. Como primer objetivo, por necesidad de ellos y por elección mía, me planteo el esquema “hablar poco – moverse mucho”, ya que la dinámica de la actividad favorece la práctica continua. El esquema básico de las clases es tradicional y sencillo: calentamiento autónomo con todo el material por parejas y tríos, un par de  ejercicios y juegos colectivos muy dinámicos y juego real. Dividimos la clase en cuatro grupos estables para las diferentes sesiones y ocupamos tanto la pista exterior y como el pabellón. Yo superviso la actividad de este último e intervengo lo menos posible y cuando lo considero necesario, dando autonomía a los que juegan en la pista bajo un guión acordado. Los grupos son heterogéneos en cuanto a género y nivel de desempeño técnico, por lo que pronto se dan situaciones clásicas de excesivo protagonismo de los que más habilidad tienen en detrimento de los que menos, sean unos y otros chicos o chicas. Durante las dos últimas clases, y durante los últimos 20 minutos he reagrupado a los alumnos por nivel de habilidad, siguiendo el mismo esquema de 4 grupos, 2 fuera y 2 dentro. Ha sido una decisión mía, ya que en ningún momento ha sido demandando por unos ni por otros, debido a que ya saben cómo hacemos habitualmente los agrupamientos.
No me equivoco si digo que, si el objetivo principal era “hablar poco-moverse mucho”,  estos agrupamientos son mucho más eficaces para propiciar una práctica de actividad continua, moderada y vigorosa y adaptada a las capacidades y necesidades de todos los alumnos. Aunque sea políticamente incorrecto, también son los que permiten mejorar más rápido y de manera más satisfactoria a aquellos cuyo nivel de habilidad es más bajo. Esto les hace mejorar su autopercepción, se sienten más alegres, más capaces y menos inhibidos al desenvolverse entre compañeros de características similares. En definitiva, su experiencia en relación a su cuerpo en movimiento es, para todos, más satisfactoria. 
Para que no se haga una lectura que no es, adonde quiero llegar es que no es mala idea combinar a lo largo de un curso diferentes planteamientos metodológicos que nos permitan detenernos en cuestiones más actitudinales, conceptuales, intelectuales y reflexivas, con otros que nos garanticen un tiempo de práctica real a las intensidades que nuestros alumnos y alumnas necesitan, aunque lo ideal y a lo que aspiramos todos sea uno que logre ambos extremos. No creo que este modelo que comparto sea el adecuado para todos los contenidos de una programación, pero tampoco que cualquier consideración sea siempre de más importancia que el tiempo real de práctica de actividad física durante nuestras clases. Nuestros alumnos ya saben qué tipo de profesor somos una vez que acaba la primera evaluación, por lo que es durante esos primeros meses donde debemos marcar bien “las reglas del juego” y las bases metodológicas de nuestras clases. Saben si discriminamos o no y saben si es importante para nosotros el respeto a los compañeros; en definitiva saben de qué pie cojeamos y lo que nos traemos entre manos. Si en cada clase tengo que soltar un sermón, repartir fichas, pedir tareas, poner notas en la agenda y dar instrucciones constantemente porque hay cosas que no han quedado claras, el tiempo de práctica real se verá claramente reducido, y los más perjudicados, como siempre, serán los menos habilidosos y los que menos actividad realizan fuera de clase. 
Propongo combinar planteamientos como MED con otros que permitan la práctica continua durante el tiempo que dura la clase. Si conseguimos ambas cosas al mismo tiempo mejor. Y sí, también propongo transitar hacia un modelo similar al flipped classroom para lo que son todos nuestros numerosos contenidos teóricos. Creo que ahí también merece la pena tener paciencia y crear inercia en nuestros alumnos. ¿Qué sentido tiene que un alumno esté desesperado y aburrido escuchando mi explicación si ya la ha entendido en el vídeo que ha visto en casa o en los apuntes que ha leído? Ese alumnos puede estar haciendo una actividad física mientras yo explico a los que no lo han entendido o, por otras razones, no han podido ver o leer el recurso. Pero de esto hablaremos en otro momento porque tiene mucha miga.
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